Almanaque de delirios y cosas muy importantes para la humanidad… de su autora.

2.15 am, man…

La mente frita. Como ese puñado de papas que me gusta dejar bien crujientes, en el punto justo entre la locura, el placer, la culpa por tanto colesterol, el agotamiento por el exceso de sodio, las comisuras de los labios grasosas, la serotonina a full, las endorfinas entregándome orgasmos estomacales, un poco de odio al sistema, a mi ansiedad, sobre análisis, ímpetu, necesidad de cariñito, cobijas, un abracito apañador. Soltar lágrimas de desesperación. Jugar a reír, a enamorarse, a sentirse perdida, amar a nadie, amar a escondidas, reírse de la mente, la estrategia, a ser ignorada, a querer emociones, conflictos, clímax, drama en medio del encierro, comedias trágicas, juego de encierro, escenarios imposibles, profecías autocumplidas, una capacidad impresionante de comprender lo ridículo de tu situación y una igualmente inconmensurable habilidad para porfiar ante ti misma porque es más rico llenarse de flores y sabores, llorar porque te estás engañando, esperar enamorarte más, soñar que tienes Plata y eres libre y ya no tienes que llenar la desesperación con ficciones amorosas porque comprendes completamente los juegos de tu psiquis. Porque mira niña que tienes habilidad para dibujar, retratar, milimétricamente, cada apartado de tu personalidad, de tus juegos mentales, las reculadas, las sapiencias que te has esforzado tanto en cultivar a lo largo de tu miserable experiencia como adulta. Yo sí me gané el título a la persona más obsesiva en comprender su mente. Y claro que me dirán todes que se adjudican el título para sí mismos. Pero es que yo, mujer, humane, caparazón de corazones y neuronas no tan bien explotadas, pero igual algo inteligentes y capaces de relacionarse y generar a veces procesos complejos, tengo la seguridad, casi, de sí estar al límite del sobre análisis destructivo. Y cuando digo casi la seguridad, es porque mis niveles de seguridades bordan el súper ego y la destrucccion masiva de mi autoestima. Creo en mí a morir y a la vez me siento una bosta repleta de dudas. «Cómo me le nota la educación proletaria del romanticismo que todo lo puede y que se siente tan pobre que nunca va a salir del hoyo igual no más». Así que mejor hacerse jueguitos mentales en la mitad de la noche y contestarle historias a les amigues porque te los querís comer, les amas porque son súper inteligentes y chistosos, porque me siento sola y hay que superar la cesantía, el ex, volver a vivir con tu vieja loca, hermosa loca, de quien sacaste tanto, que se pone rancia de vez en cuando y llevas años cultivando el zen, pero a veces no se puede. No se puede no más po. También podemos estar mal porque se acaba el mundo, la sanidad mental, el amor, la esperanza. Necesito un abracito y llorar en los brazos de un amado, porque princesa guerrera. Ya lo dije.

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