“Stop looking for happiness in the same place you lost it”
Son períodos. A veces estoy feliz. A veces somos felices. Pero es una felicidad volátil que al primer susurro se va volando.
Se transformó en un pajarito hermoso y escurridizo, fácilmente amenazado por este par de gatos.
Somos de sacar las garras y maullar a la luna. Somos dos cuerdas amarradas a la fuerza con un débil nudo de humo.
Hoy mi cabeza pesa toneladas y a la vez está tan frágil que en cualquier momento sale flotando.
Llorarle a la luna como una adolescente ya no se puede. Hay que seguir el ritmo y no morir en el intento.
Crearse expectativas. Esperar que esto sea un mal sueño.
Llevo mucho tiempo soñando que no me amas. Que me repites esas cosas hirientes que más de alguna vez dijiste. Que no soy la mujer de la que te enamoraste. Pero el tema es que algo de ella queda, pero el resto la espantaste tú con tu indiferencia, con tu desidia por la vida… nuestra vida. Y no quiero culparte, pero algo de eso es cierto. Me convertí en servidumbre de tu corazón. Y así la autonomía se escapa de las manos.
Cuando tu trabajo se transforma en la estabilidad de tu pareja, te olvidas de ti. Cuando quieres ser el sostén, no hay nada que te sostenga. Y ese fue mi error. Ser tan servil. Olvidarme de mí.
Lo curioso es que esto me lo reprochaste… que ya no era la misma. Pero cada vez que demostré un atisbo de autonomía se transformó en problema. La desazón nunca se marchaba. La tensión, tu incomodidad con la vida, con lo que soy, están tan instalados como el pensamiento mágico y la muerte. No soy quién para luchar contra eso.
Lo dejé todo. Incluso lo que era y amaba de esta mujer. Asesiné a la persona que más amo y comencé a amarte solo a ti. Pero ya no podemos jugar a que soy una heroína que te rescata de tus saltos al vacío. Ya no más. Cuídate, por favor.
23/12/2019
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